viernes, 29 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia

Después de haber leído la Aventura de ser maestro de José Esteve, me doy cuenta que esta actividad no es nada sencilla, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error (Es cierto, echando a perder aprendes). No es fácil elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumno. - Qué difícil es encontrar tu propia identidad profesional, sobre todo cuando llegas con muchos vicios adquiridos en tu vida.

En nuestra profesión (no dedicada a la docencia) nadie nos enseña a ser profesores. Lo vamos aprendiendo durante nuestra vida docente. Algunas veces nos hemos equivocado en cómo dar la clase o en el tema y hay que hacer correcciones en el momento. Debemos de aparentar un dominio de la asignatura que nos asignan y que en muchas ocasiones no se acercan a lo que estudiamos.

El maestro es un ente vivo, que en muchas ocasiones actúa por inercia y en otras ocasiones realmente planea lo que imparte. Uno de los propósitos de la enseñanza, es hacer pensar y sentir, cuando él siente y piensa.
Ahora me doy cuenta que nuestro objetivo es ser maestro humanista. Haciendo que los alumnos piensen y sientan la importancia de ayudarse a comprender y entender su universo.
Muchos autores hablan de la importancia de la tarea de crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboran actividades que tendrán respuestas inmediatas y a mediano plazo, tanto en nosotros como en los estudiantes.
Cuando preparaba un tema lo hacía de manera intuitiva, sin contar con los elementos necesarios para lograr los objetivos marcados en nuestra actividad docente, dentro del aula. Por lo que, ahora al inicio de cada curso analizo los contenidos temáticos, considerando que al alumno le signifique un aprendizaje significativo. (cuestión nada fácil de alcanzar). En este tiempo es importante cambiar nuestras formas de trabajo y de pensar, para ir desarrollando nuestras habilidades y capacidades, en bien de los alumnos y de una educación de calidad.

Durante los años en que me he dedicado a la enseñanza, encuentro que no hay grupos iguales, ni siquiera idénticos, ya que todos tienen sus propias características. Mismas que me han obligado a cambiar mi forma de impartir clases. En muchas ocasiones he replicado algunas técnicas o estrategias de mis maestros; debido a que consideré una forma de trabajo. Puedo decir que en ocasiones logré éxitos y en otros fracasos, con estas técnicas o estrategias.
Esto me recuerda a una maestra de la Licenciatura, la cual tuve la fortuna de que fuera mi amiga, abriéndome horizontes inesperados y propiciando cambios en mi persona. No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro.
Durante mi andar en estas lidies he tenido que librar diversas dificultades. Desde alumnos rehaceos a la enseñanza y a la convivencia hasta compañeros que están en las mismas circunstancias.
Entre los profesores –hechos a la fuerza- la mayoría no están comprometidos con la enseñanza, sino que solamente ven un beneficio económico, en detrimento de nuestros jóvenes estudiantes.
Aunque algunos profesores consiguen realmente estar a gusto con esta noble labor y descubren se puede redescubrir una nueva actitud al servicio de la educación y logran las metas u objetivos planteados.
Al hablar de la comunicación e interacción es ganarse la libertad de estar a gusto en el aula, por lo que es difícil es estar libre en la clase, sobre todo cuando no conoces la materia y ni tienes idea de cuál es el objetivo a alcanzar. Se crean tensiones en los docentes y mala información, proporcionadas a los alumnos, creando un clima no acorde a los requerimientos de la enseñanza.
Cuando iniciamos como profesores estamos tan nerviosos que no queremos ni movernos del área del pizarrón. Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase.
Con respecto a la disciplina, dentro o fuera del aula, cuando somos principiantes nos rebasan los alumnos, por el miedo a que dirán. Uno que otro compañero llega con la exagerada seguridad y mantiene a ralla a los muchachos, llegando a la exageración de tener una disciplina militar. En mi caso aplico la flexibilidad y comprensión, para el control del grupo. Si una que otra ocasión he llegado a aplicar una disciplina dura, de acuerdo a las circunstancias del grupo.
En cuanto a los contenidos y niveles de las asignaturas a impartir he tenido que adaptarlos al nivel requerido, por carecer de elementos esenciales, tecnológicos y económicos tanto de los estudiantes como de la institución educativa. En varias ocasiones me he encontrado alumnos que llegan a la escuela con las precarias condiciones económicas, familiares y sociales; por lo que estas influyen en sus formas de aprendizajes.
Con el paso de los años, me siento orgullosamente de estar apoyando a los estudiantes en su proceso educativo. En ocasiones he recibido agradecimientos de jóvenes y padres de familia, sobre el apoyo incondicional que les he brindado, que al mismo tiempo ha influido en el crecimiento educativo y profesional de ellos.
Martha Elia

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